13 de junio de 2008

El Cuervo de Poe

“¡Diablo alado no hables mas”!, dije, dando un paso atrás;
¡Que la tromba te devuelva
a la negrura abisal!
¡Ni rastro de tu plumaje en recuerdo de tu ultraje
Quiero en mi portal! ¡Deja en paz mi soledad!
¡Quita el pico de mi pecho y tu sombra del portal!”
Dijo el Cuervo: “Nuca Mas”

Edgar Allan Poe. El Cuervo


Causa cierto escepticismo lo que voy a contar, más aun para mí, que me recuerdo al mismísimo Edgar Allan Poe en su célebre obra “El Cuervo”, relato en el cual se presenta el autor como protagonista de un encuentro con esta “negra y torva ave”, quien insiste endemoniadamente en decirle “Nunca Mas”, hasta lograr acabar con el poco de cordura que queda en el delirante sujeto, quien es victima del dolor y la pena por la muerte de su amada...

Pues bien, he de pasar a narrar el suceder de acontecimientos que extrañamente me han ligado a un Cuervo menudo y desgarbado, y que incuestionablemente me unen a las letras del poeta maldito.

Encontrabame sumida en mis pensamientos, ausente a cualquier agitación exterior, con los ojos bien abiertos y sin pestañear, mirando a un punto fijo pero inconexo. En una especie de trance divino, ese estado en el que se encuentra presente el cuerpo pero se traslada a otro espacio la mente...

Mis atribulaciones me mantenían mas taciturna de lo normal, sin embargo siempre he encontrado ese medio de abstracción para viajar lejos, donde no hay nada más sereno que el silencio y mi compañía... unos segundos que son para mi como gotas de elixir revitalizante...

Me hallaba tan absorta, que fue luego de largo rato que percate la presencia del ave, quizás ya le estaba observando con la mirada vidriosa detenida en un mismo lugar, mas.- de pronto, tuve que saltar del asiento donde me encontraba, ya que el pajarraco se abalanzó sobre mi; sorprendida en extremo y tapándome en acto reflejo de protección, me di cuenta que no fue un ataque, sino mas bien un acto desesperado de la maniática ave por sacarme de mi meditación y poder así dedicarle unos minutos de mi tiempo.

El Cuervo, agitando sus alas se poso sobre el suelo a pocos metros de mí, pero, como si tuviese una inteligencia antinatural me observo directamente, dando algunos pasos de allá para acá sin desviar su inquietante mirada...

No, en ese momento no recordé que el Cuervo de Poe hablaba, creo que hubiese salido corriendo despavorida; ese sólo fue el primero de muchos encuentros... todos los días a una misma hora la obstinada ave se apersona para contemplar lo que hago en ese momento, y yo pues, me he acostumbrado a esa extraña compañía matutina.

Con el pasar del tiempo el Cuervo y yo hemos entablado una especie de “amistad”, que se basa en la atención que le presto cada vez que me visita, y de a poco el ha comprendido que yo a veces no estoy allí en alma, sólo en cuerpo. Entonces le he dejado que me acompañe en mis viajes donde mi paz alcanza para los dos, y hasta de vez en cuando le permito que me hable bajito al oído, y le escucho más que oírle y me cuenta de la gente, los lugares y las cosas que ha visto al volar tan alto, tan bajo y al ras...

Me ha dicho muchas cosas, pero aun no se despide, aun no me ha dicho “Nunca Mas”.

No hay comentarios:

Publicar un comentario

Deja que la Noche te lea entre brisas de palabras: